En el desayuno de Casa Maria Luigia,
charlaba con una pareja de canadienses
y me preguntaron…
– ¿En España tenéis algún cocinero que
haya construido algo parecido a esto?
Me quedé pensando.
– No creo que en todo el mundo,
alguien haya logrado lo que Massimo y Lara
han hecho aquí.
En Modena.
Porque el mérito no es construir en grandes ciudades.
Es hacerlo donde no hay nadie.
Donde la gente se tiene que desplazar.
Donde puedes dinamizar.
Donde devuelves la vida a lo que estaba olvidado.
Es formar parte de la conversación constante
que esta pareja de “inconscientes creativos”
tiene con el mundo.
Que hace que sientas que, después de treinta años, todo esto… es solamente el principio.
